Mes: marzo 2012

Sin liderazgo, reina la confusión.


Las elecciones generales del pasado 20 de noviembre otorgaron una victoria histórica al PP, que goza desde entonces de una holgada mayoría en las dos cámaras, Congreso y Senado. Fue el segundo éxito electoral después del obtenido en el terreno municipal y autonómico el 22 de mayo. Por desgracia, la tercera parte de este maratón electoral, la cita andaluza del 25 de marzo, ha terminado en una victoria pírrica para el centro derecha. En cuatro meses, el PP ha perdido más de 400.000 votos en Andalucía y, aunque ganó las elecciones, ha quedado muy lejos de alcanzar la necesaria mayoría absoluta. No podrá gobernar allí, y cuando lo haga el PSOE, será de la mano de Izquierda Unida. Extremadura está muy cerca, geográfica y políticamente de una situación similar. Es un buen aviso para navegantes, y una necesaria cura de humildad para los populares.




La huelga general del 29 de marzo no será la última. En mi opinión, y a modo de balance provisional, observo que ha tenido en general, un seguimiento escaso y desigual. Como es casi imposible medir el éxito de una huelga general, pues todos se sentirán ganadores, Gobierno y sindicatos, alardeando cada uno de sus propios datos. Lo que me parece más significativo es el escaso entusiasmo que ha despertado esta huelga general entre los trabajadores; porque creo que, tal y como están las cosas, pocos pensarán que una acción de esta naturaleza contribuye realmente a mejorar la situación. Por otro lado, entiendo también que, al menos, todo el mundo tiene derecho al pataleo, y más cuando sobran motivos objetivos para estar disgustados.


Con bastante probabilidad, los Presupuestos Generales del Estado 2012 encenderán aún más los ánimos. No me extrañaría que otras nuevas medidas gubernamentales de carácter negativo, junto a la percepción generalizada de un empobrecimiento progresivo, incitaran otras reacciones populares, protestas y conflictos de todo tipo.
El principal problema de España está consistiendo en la falta de un liderazgo político y moral claro. Mariano Rajoy es el Presidente del Gobierno, pero es también el gran ausente del escaparate nacional. Y creo con sinceridad que esta ausencia es su mayor error.
¿Qué está pasando realmente?. ¿Quiénes son los actores principales en esta historia que estamos viviendo, qué papel están interpretando?. ¿Cuál es la verdadera situación del país?. ¿Esto tiene solución?. ¿En qué consiste esa solución? ¿Cuáles van a ser los pasos siguientes? ¿Existe una previsión razonablemente positiva para el futuro? ¿Por qué nadie da la cara y explica públicamente lo que está sucediendo con amplitud, exactitud y verosimilitud?
Hecho de menos ese liderazgo fuerte, positivo, que pueda suscitar un mínimo de ilusión colectiva para afrontar los sacrificios que se nos imponen fríamente mediante reales decretos leyes. Creo muy necesario en este momento particular que alguien con autoridad de la cara, se siente delante de una cámara, y dedique una parte generosa de su tiempo a hacer pedagogía política. A exponer con claridad los temas difíciles y a transmitir confianza y esperanza de cara al futuro.
Mientras el Gobierno tome las medidas, haga las reformas y deje que sean otros quienes las expliquen, el fenómeno andaluz no ha hecho más que empezar, y se extenderá fortaleciendo y revitalizando a la maltrecha oposición. Ante la ausencia de ese liderazgo claro que estimule y canalice la unidad del país en una dirección común, reina simplemente la confusión. Y como se ha dicho siempre, a río revuelto, ganancia de pescadores. Todos salimos perdiendo.

La cosa está muy mal.

El próximo 30 de marzo Rajoy dará a conocer los Presupuestos Generales del Estado 2012. La cosa está muy mal. Ya que nos vamos a ir todos a la m…, si nos empujan a lanzarnos, al menos hagámoslo con elegancia. Más nos vale.

Huelga General el 29 de marzo. Una confrontación inevitable.

El próximo día 29 de marzo Rajoy se enfrenta a su primera huelga general. Era prácticamente inevitable que los sindicatos respondieran a la reforma laboral promovida por el Gobierno mediante una movilización social dura y contundente. Los contenidos de esta reforma auguraban una extensión de la conflictividad social y de la litigiosidad laboral.


Dejemos claro que esta reforma laboral es, como la posible subida del IVA o la escalada del precio de los carburantes, una imposición de los mercados –los prestamistas de siempre-, y de nuestro entorno. La situación del mercado laboral español, con su alta protección al trabajador, con un exceso de derechos y obligaciones contractuales, era una anomalía con respecto a otros países con la que se quería acabar.
Como siempre, la interpretación que se hace de los acontecimientos es poliédrica, y la batalla que se está librando ahora es sobre todo propagandística. Estar a favor o en contra del Gobierno o de los sindicatos dependerá de la perspectiva que se adopte y de los intereses que se defiendan. Yo quiero expresar simplemente algunas reflexiones que me suscita la situación creada estas últimas semanas.
-¿Cómo que no rema más? ¡¡¡Me extraña, Fernández!!!
¿¿Estamos o no estamos todos en la misma barca??
España está atravesando la Gran Recesión con más pena que gloria, y nos encontramos en un momento particularmente difícil cuyo desenlace determinará nuestro futuro. Nos jugamos mucho en los próximos meses, y hay una idea en la que quiero detenerme.
Aunque nos guste más o menos, somos una sociedad de 46 millones de personas. Obviamente somos también una nación política, lo dice la Constitución en su artículo número dos. Sin embargo no somos, o no nos comportamos, como una nación cultural. La actual desvertebración del país crea una tensión centrífuga que hace muy difícil un liderazgo claro y fuerte que movilice, cohesione y presida una política de Estado, desde una conciencia como pueblo con un destino colectivo, con algo más que intereses comunes sometidos a permanente negociación en los diferentes ámbitos de la vida pública.
Es verdad que, a pesar del ruido informativo, existe un interés generaly prioritario: superar la crisis económica y volver a la senda del crecimiento económico y a la creación de empleo. Lo deseable es que el crecimiento sea suficiente y sostenido y el empleo digno y de calidad.
Lamentablemente, una cosa es que se reconozca ese interés general, aunque sea a nivel meramente declarativo, y otra cosa es que después se contribuya real y eficazmente a él por encima de los intereses particulares de los diferentes agentes políticos, económicos y sociales. No parece que tengamos muchas opciones a la hora de elegir el tratamiento y las medidas mas eficaces que debemos adoptar en las actuales circunstancias, pero lo que sí parece evidente es que sin un mínimo de unidad, de compromiso general, de acuerdo, es imposible progresar en ninguna dirección. Y no olvidemos que estamos ante un problema de tal magnitud que exige una respuesta colectiva a la altura de las grandes decisiones de la historia.
La dificultad mayor que padecemos como país es conseguir un acuerdo social y político lo suficientemente amplio para elegir y decidir el camino que tenemos que recorrer para salir del atolladero en el que nos hemos metido nosotros solos, aunque todo hay que decirlo, propiciado por el maremoto financiero internacional. La sociedad reclama que las instituciones y las organizaciones principales del país estén a la altura de los acontecimientos, pero la lógica interna de nuestro sistema nos conduce inevitablemente a una situación de bloqueo permanente, cuando no a la confrontación. No es posible llevar a cabo los cambios estructurales que necesita España si seguimos empeñados en partir el país en dos mitades enfrentadas por sistema cuando tenemos que afrontar las dificultades que afectan a las cuestiones esenciales sobre las que se sustenta nuestra convivencia. La supervivencia del estado del bienestar es una de ellas.
Si realmente aceptamos que estamos en una situación extraordinaria, necesitamos adoptar medidas también extraordinarias. Seguramente también de manera extraordinaria. Pero apelar a lo extraordinario no significa eludir la equidad y la justicia social más elemental. Me refiero a que la gente normal y corriente, que se informa leyendo sus diarios o viendo en sus televisores los telediarios, termina sintiendo miedo sobre todo por la confusión reinante, y acepta sin rechistar la única alternativa. Una única alternativa que siempre viene a ser lo mismo: recortar salarios y derechos sociales. Cuando la economía va bien, diciendo que es para que no vaya mal y, cuando va mal, para que vaya bien.
Estoy convencido de que, en nuestras circunstancias actuales, no es suficienteganar unas elecciones generales por mayoría absoluta para cancelar el problema que produce el disenso que divide nuestra sociedad, y que dificulta enormemente culminar con éxito el programa de reformas imprescindibles. Los grandes sacrificios que se están exigiendo a la población requieren un consenso nacional mucho más amplio y duradero. La multiplicidad de mensajes contradictorios, la esquizofrenia de las políticas económicas de los últimos años, la corrupción que contamina a las élites sociales y políticas, la insolidaridad y el individualismo más feroz desalientan cualquier esfuerzo colectivo.
Los cambios sociales necesitan siempre fuerza social, el empeño político de la ciudadanía, ideas y voluntad para hacerlos efectivos, decisión y un proyecto capaz de encantar a muchos más de quienes inicialmente lo suscribeny, sobre todo, una visibilizaciónnítida en toda la sociedad de que, desde el que más tiene y puede al que menos,  participa de ese proyecto común.
De momento las fuerzas de la historia que animan los acontecimientos son las habituales de una dialéctica de contrarios, y asistimos resignados al resultado final de una síntesis que deseamos ingenuamente que pueda ser mejor, aunque lo veo improbable en las actuales condiciones. Acción, reacción. Reforma laboral, huelga general.

Pagan justos por pecadores. Segunda parte

En el anterior post que dediqué a la reforma laboral hice una valoración muy negativa de esta medida para los intereses de todos los trabajadores, de los que están empleados, y de los que buscan empleo. Esta norma es perjudicial para el conjunto del país porque compromete la paz social, devalúa y degrada gravemente las condiciones del trabajo y finalmente fomentará aún más la desigualdad social y la conflictividad.

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