Cierre del curso 2019-20 ¿Qué hacemos?

Conferencia Sectorial del 15 de abril

Algunos me habéis pedido que compartiera mi opinión sobre el documento base propuesto por el Ministerio a la Conferencia Sectorial. Comparto con vosotros una valoración que es estrictamente personal y me aventuro a continuación a dar una posible respuesta a esta pregunta que todos tenemos: ¿qué hacemos con el final del curso? Aclaro desde el comienzo que, ante un problema tan complejo, existen diferentes enfoques y por tanto, también otras soluciones que podrían ser viables. Porque expertos analizando la situación hay muchos, y como estamos viendo en relación al tema del coronavirus, por ejemplo, dicen cosas distintas e incluso contradictorias. En la enseñanza, como bien sabéis, siempre se ha repetido que “cada maestrillo tiene su librillo”. Recuerdo una anécdota al hilo de este argumento que puede resultar ilustrativa: “Si metes a dos economistas en una habitación tienes dos opiniones distintas, excepto si uno de ellos es Lord Keynes, decía Churchill, porque entonces tienes tres”.

En el post anterior me decanté por dar una solución excepcional a la situación también excepcional en la que se encuentra el curso escolar. Pues bien, como regla general, pienso que son el profesorado y los equipos docentes, en primera línea, quienes tienen que resolver la evaluación del tercer trimestre, después la evaluación final y a continuación la promoción de curso o etapa. Las Administraciones deberían ceñirse a dar unas indicaciones o instrucciones mínimas y confiar en la autonomía de los centros. En el caso de la emergencia sanitaria nadie ha dudado ponerse en mano de los expertos, en este caso, el personal sanitario, epidemiólogos, virólogos, etc. A ellos les debemos la solución al gravísimo problema de salud pública que estamos padeciendo. ¿Sin embargo, por qué en el caso de la emergencia educativa son los políticos, los burócratas y los tertulianos quienes llevan la voz cantante en el debate? Este es un error endémico en nuestra educación que produce malos resultados. Los equipos docentes son quienes mejor conocen a sus alumnos y en un contexto personalizado. Son los que saben hacer el trabajo. Son los que van a hacer el trabajo. Conclusión. Dejemos hacer al que sabe. Esto producirá mejores resultados.

Segunda cuestión. Vamos a dibujar un mapa del territorio lo más fiel posible. Para ello me baso en la  Investigación “Escenarios de evaluación en el contexto de la pandemia por COVID-19” desarrollada por la Universidad de Granada. En ella se han planteado cuatro posibles escenarios de evaluación y se ha valorado la respuesta de más de 3.000 profesores. Hago un pequeño resumen.

👉🏻 Escenario 1. Autonomía de los centros. Los docentes intentan realizar una evaluación del trabajo realizado durante el tiempo de confinamiento sin proceder a ninguna revisión del currículo (posibilidad explorada en el escenario 2). Con la información obtenida en esta evaluación, los docentes realizan la calificación del tercer trimestre y la evaluación final del curso.

👉🏻 Escenario 2. Ajuste del currículo. Bien la Administración o los centros ejerciendo su autonomía acuerdan un currículo de mínimos. Los docentes se centran en esos objetivos mínimos, diseñan tareas ad hoc y evalúan con los medios que tienen a su disposición con todo el rango de calificaciones posible.

👉🏻Escenario 3. Evaluación positiva condicionada. Se da evaluación positiva a todo el alumnado tras acordar unas condiciones mínimas relacionadas, por ejemplo, con la entrega de ciertas tareas globales en junio. Las notas van del aprobado al sobresaliente.

👉🏻Escenario 4. Evaluación positiva sin condiciones. Asumiendo las dificultades para una docencia o un aprendizaje normalizados, especialmente para el alumnado en situación desfavorecida o con necesidades específicas de apoyo educativo, se recurre al aprobado general. Cuando la calificación sea significativa para procesos posteriores (Bachillerato, por ejemplo), se articularían mecanismos específicos basados en datos objetivos (calificación media cursos anteriores o de las dos primeras evaluaciones del curso 2019-2021) como un factor para la calificación final de la etapa educativa o bien para subir la nota desde el aprobado al sobresaliente.

 

A mi modo de ver, el error del Ministerio ha consistido en no discriminar soluciones diferentes ante realidades educativas diversas al proponer el “escenario 4″ de manera generalizada y considerando la repetición de manera muy excepcional y supervisada por la inspección. Todo el mundo le ha visto las orejas al lobo del aprobado general y se ha montando el lío.  Lo del café para todos es un tic muy progresista, pero la realidad es testaruda, y ni el café gusta a todo el mundo y la variedad de este aún menos. Las intervenciones publicas de la ministra Celaá, poco afortunadas, han contribuido a incrementar más la confusión: «Estamos en las esencias y cuando estamos en las esencias no se trata de asignaturas específicas particulares. Se trata de evaluar un alumno en su capacidad de desarrollo como ser humano». No comment.

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Apoyándome en las conclusiones de la investigación de la Universidad de Granada, yo optaría por una solución diferenciada por etapas, incrementando el nivel de exigencia de menos a más. En la Enseñanza Primaria recurriría al escenario número 3, al menos en los primeros cursos. Las notas irían del aprobado al sobresaliente y las tareas del tercer trimestre contarían sólo para mejorarlas.  Para la Secundaria y el Bachillerato soy más partidario del escenario número 2, pues aun con todas las dificultades que están lastrando la evolución de este último trimestre, hay que reconocer que profesores y alumnos están trabajando mucho y con muy buena voluntad. Esta circunstancia debe ser considerada y valorada para premiar a ambos en las notas finales.  En la evaluación individualizada, que es la más importante, será necesario contar con la maestría de los equipos docentes para integrar los resultados globales del curso y concluir un final de curso y de etapa acorde con la flexibilidad y el sentido común que exigen las actuales circunstancias.

Una cuestión final. ¿Para qué sirve la Conferencia Sectorial? ¿Alguna vez ha llegado a un acuerdo sustancial, importante, además de dialogar y de hacerse la tradicional foto de familia? Durante los últimos años es lamentable ver cómo las Comunidades Autónomas se alinean a favor o en contra del Ministerio en función del signo político de turno. La LOMCE es la ley que está vigente, no hace falta recordarlo. De lo que se trata ahora es de salir al paso de la necesidad creada por la pandemia de Covid-19 y de flexibilizar puntualmente la norma mediante un acuerdo coordinado de todos. O si esto no es posible, pues dejar autonomía a los equipos docentes para que adapten ellos la aplicación de la norma, que de eso tienen ya sobrada experiencia. Me apunto al pragmatismo de William James cuando decía que siempre “hay que escoger la mejor herramienta para hacer el mejor trabajo”. Y la mejor herramienta que tenemos para está difícil misión es el profesorado, sin duda alguna.

 
 
 
 
 

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